Publicado por Dr. Stephan M. Funk, director científico de Lemu
¿Estamos desperdiciando recursos en esfuerzos de conservación “a ciegas”? La desconexión entre la ciencia y la gestión práctica de la conservación, y la reticencia de algunos gestores a aplicar la experiencia de sus propios proyectos y de otros, han llevado a una alarmante falta de prácticas basadas en evidencia. El resultado es una asignación ineficaz de recursos y un avance más lento hacia las metas de biodiversidad. Veamos cómo se ha manifestado este problema y qué se puede hacer para resolverlo.
Con el término conservación “a ciegas” me refiero a la falta de esfuerzos de conservación verificables y basados en evidencia, a la falta de aprendizaje de la experiencia de otros proyectos y a la brecha de implementación entre la investigación académica en biología de la conservación y su aplicación en la planificación y la gestión de la conservación.
Falta de evidencia verificable
En un estudio de proyectos de conservación del Reino Unido a comienzos de la década de 2000, un impactante 77% de 61 proyectos se apoyó solo en evidencia anecdótica, sin datos científicos. Se han observado tendencias similares en otros países. Basarse en interpretaciones cualitativas puede llevar a decisiones ineficaces, a la falta de seguimiento del progreso y a la imposibilidad de replicar los resultados.
Este problema persiste. ¿Por qué?
- La gestión basada en evidencia suele exigir habilidades avanzadas, herramientas sofisticadas y un análisis de datos de alto nivel, algo que falta en muchas organizaciones de conservación.
- A menudo no hay suficiente tiempo, financiamiento ni personal capacitado para el análisis, la síntesis y la publicación de datos.
Avances de los últimos 20 años
En los últimos 20 años se han puesto en marcha varias iniciativas clave que han desplazado el foco hacia la educación y la capacitación para aplicar la evidencia de conservación en la planificación de proyectos. Sin embargo, estos esfuerzos aún no han logrado que la aplicación práctica esté a la altura del énfasis que la literatura le da.
Para mejorar la situación, quienes trabajan en conservación deben asegurar que la evidencia se considere plenamente durante la planificación del proyecto y, además, que los datos se recopilen de forma constante, se documenten y se hagan accesibles. Las prácticas de ciencia abierta pueden aportar soluciones, pero la brecha de implementación sigue siendo un problema crítico. Por ejemplo, muchas guías de conservación están desactualizadas, carecen de una metodología adecuada y no ofrecen evidencia suficiente que respalde las acciones recomendadas.
Dos desafíos clave en el campo de la conservación son los pros y los contras de la publicación en acceso abierto y la asignación de recursos en biología de la conservación. La publicación en acceso abierto ha hecho que los datos de conservación sean más accesibles, pero ha creado un nuevo problema para investigadores del Sur Global o de proyectos de conservación más pequeños que no pueden costear la publicación de sus datos. Como resultado, ha surgido una nueva barrera para publicar y compartir datos.
La importancia del monitoreo
Para maximizar el impacto de nuestros recursos limitados, debemos invertir en estrategias basadas en evidencia y mejorar el monitoreo y el reporte de resultados. El monitoreo es el proceso de reunir información sobre una variable (p. ej., tamaño de la población, estado del hábitat, etc.) para evaluar su estado. Se necesitan actividades de monitoreo de corto y largo plazo para medir el éxito de los proyectos de conservación.
Sin embargo, los programas de monitoreo suelen recibir críticas por un diseño deficiente, metodologías poco claras, una comunicación insuficiente de los resultados y periodos demasiado cortos. Estas fallas pueden traducirse en malas decisiones, desperdicio de fondos, la incapacidad de detectar problemas antes de que se agraven y la incapacidad de aprovechar los éxitos de la conservación.
Cómo superar la brecha de implementación entre ciencia y gestión en los esfuerzos de conservación
La brecha de implementación entre ciencia y gestión sigue siendo un desafío en el mundo de la conservación, donde los resultados de la investigación tienen dificultades para llegar a las estrategias prácticas de conservación. ¿Cuáles son las barreras para acceder a los datos de investigación, usarlos y conocer los avances recientes de la ciencia de la conservación?
La brecha de implementación se debe principalmente a que no se comprende el valor de los datos de investigación, al acceso limitado a especialistas y literatura, y a las restricciones de financiamiento. La falta de comunicación entre investigadores y profesionales agrava el problema y hace, por ejemplo, que datos genéticos importantes y las preocupaciones asociadas se pasen por alto en las decisiones de política y de gestión.
Cerrar esta brecha requiere mejor educación y capacitación para quienes trabajan en conservación, mejores canales de comunicación y más apoyo para integrar los datos de investigación en los planes de manejo.
El acceso a los datos es otro problema importante: muchos investigadores no quieren o no pueden compartir su investigación. La preservación de los datos de investigación a largo plazo es esencial, y las políticas deberían exigir que los datos se compartan a través de archivos públicos.
A pesar de los avances en la publicación de acceso abierto, la calidad y la usabilidad de los conjuntos de datos archivados siguen siendo irregulares. Hay que incentivar y capacitar a los investigadores para que mejoren las prácticas de intercambio de datos y la calidad de los datos. Además, hay que potenciar la utilidad de los grandes volúmenes de datos (big data) en la conservación, fortaleciendo el control de calidad y la gestión de los datos.
Hacia una conservación basada en evidencia
Para abordar el problema de la conservación “a ciegas”, debemos cerrar la brecha entre la ciencia y la gestión práctica. Podemos lograrlo con estas acciones:
- Invertir en estrategias verificables y basadas en evidencia.
- Fomentar el intercambio de conocimiento entre la academia y quienes trabajan en conservación.
- Diseñar e implementar programas de monitoreo eficaces.
- Dar mayor prioridad al análisis, la síntesis y la publicación de datos, y hacerlos más accesibles y oportunos.
Al abordar estos desafíos, podemos avanzar hacia esfuerzos de conservación más eficaces y basados en evidencia, que logren un progreso tangible en la lucha por proteger la biodiversidad de nuestro planeta.
Conclusión
Resolver la falta de datos disponibles y confiables es vital para mejorar los esfuerzos de conservación. Si priorizamos una conservación verificable y basada en evidencia, mejoramos el monitoreo y nos enfocamos en el análisis, la síntesis, la curaduría y la publicación de datos, podremos cerrar la brecha de implementación y asegurar un futuro mejor para la conservación de la biodiversidad y, con ella, para las generaciones humanas futuras.
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